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Cuentos breves y otros textitos

Piezas que, con ser cortas, superan en calidad a muchos libros que en el mundo son



ADVERTENCIA: Este documento contiene ficción que pretende llevar al pensamiento: Dios mío, que este libro que voy a leer no me haga sólo feliz, sino que sea como un puñetazo en el cráneo o como el pico del alpinista que rompa el mar helado que tenemos dentro. Amén (F. Kafka).


Los observadores     Liberación     Mi voluntad     De cestas y huevos     Dígitos     La cadena     Tocar o no tocar     La necesidad     El proverbio del pescador     Viñeta navideña     Tu mascota     Muy bien     Una cosa te digo     De tonterías     Escozor     Paquito el del barrio     El poema del señor Burns     La factura     De neutralidades     La excepción     El elefante     Pollas duras     El presidente     La compañía     Los viajes     En el barro     Pisando callos     Las barrigas     Hombre de negro     Reflexión     Los donantes     El expresidente     La silla de Juan     Salsa     Lógica borrosa     La taba     Presupuestos     Medida extraordinaria y temporal     La institución     El ingrediente     Lo más rentable     La oposición     El sabio     Cansancio de cafetín     El idioma     Consejo gestor     El yerro     Proverbio panadero     El cuento     Encuesta     Al profesor     De mesas     El dios glotón     El gasto     La competición     Los comunistas     La evaluación     Diseño socioeconómico     El empleado de banca     Un par de días     Los momentos     Sobre dormilones     Potencias de dos     La junta de accionistas     Inundación     La institutriz     Chorritos y gotitas     La representación     Ejercicio lingüístico     El sobrino     Un tipo de estabilidad     De gobiernos y chistes     Picasso     El inspector     Hacer     La raza     El río     La disputa     De visita     Los días     La otra estrategia     De compras     Huevos y maestros     Niños jugando     El muertito     Talento del lugar     El paciente     Poema marinero     La cabezada     Las normas     Burocracia     El fin del mundo     Gula     La decisión     De selvas y leones     La elección     Entrecosas     La casa del vecino     La táctica     Sobre ofensas     Las palabras     Solución mágica     La comanda     Sobre chistes     La llamada     El superhéroe     Más     El mandato     El manitas     Calabazas     Crónica musical     Don nadie     El nuevo dintel     Tiempos de superación     Política kafkiana     La huida     La efeméride     La duda     Los libros de historia     El chocolate     Golas y verdades     El cagón     Sobre dulzuras     No tontos del todo     Victoria     Los socios     De métodos científicos     La corrección     El cabroncete     ¡A mí!     La filosofía de Flanders     Competitividad     Cuellos     El gladiador     Sobre pintar ovejas     De hombres buenos y guapos     El cura     De fotos     El acto     Meritocracia     La fórmula de Einstein     Mi abuela en Davos     La bruja y el labrador     El mafioso al político     Teoría y práctica     La excelencia     Poder y deber     Los poquititos     El presidente que sólo dormitaba     El vicio     De aguas     Duelo de pérdidas     El concertino infalible     Credo     Las facturas     En el consejo de ministros     Y sin embargo     La oferta     La diputada enamorada     Aire     El mordisquito     Los economistas     De guapos     El juez     El dinosaurio     Sobre fieras sueltas     El ojete bien ofrecido     Patria o poder     Las mujeres de Groucho     Sobre platos     La entrevista de trabajo     Vicio político     Desrisas     La consentida     Sentido común     El desayuno     Pimpón judicial     Mi amigo el ultraliberal     Ese chavalín     Cornadas     El tertuliano     Mirada de niñato     El político moderado     Las aguas     El circulito     Enfurruño existencial     Su dulzura de usted     El jerarca     Dos viejos verdes     Chinchorreando     Mafalda pregunta en el parlamento     Palabras a granel     La operación     Ley politicoeconómica     El trabajo     El amigo sincero     En la barbacoa     La regañina     El espía     Me ofendes     El hombre que se enganchó en un siesque     La auditoría     Sobre sesos     El miedo     De cómo Homero Simpson llegó a presidente (y se mantuvo en el cargo unos minutos)     El antipoeta     La competitividad de los Marx     ¡Últimas news!     La estrategia     La paz de Groucho     El exorcista     Mi madre     ¡Al rico mochuelo!     El alumno aventajado     El inspector Gila interrogando al malo     Los ladrones     Los nuevos pastores     El cómico y los bufones     Un grano en un culo     Memorias de un exmandamás     Máxima orwelliana     Al moridero     La paradoja de la confianza     El favor     Dos edificios     De caminos     Horteras pero ricos     El régimen     El empleador     El gurú     En aquel pueblo     El dueño del circo     El bocadillo     Lo que aprendemos de las crisis     La pregunta de Gurb     Novísima ley por la dignidad humana     Céntimos y longanizas     Los apuntes     La medicina     Sobre madureces     Los secuestradores     Pesadilla monterrosiana     Regla de los poquitos     ¡Exprópieseme!     La mejor oferta     Él     Chiste contemporáneo     El gestor cartesiano     No supondrás en vano     Principio de parentesco     Opinión política de un biólogo     Morir de amor     Todos los responsables     Los pedigüeños     Igualdad de oportunidades     El purista     De trajes     Quejido-lamento de un lector de prensa español     Pensamiento marxista     Groucho se ofrece como asesor político     La buena democracia     Paternidad responsable     Método resolutorio     Lección magistral y gratuita de Literatura     El proceso de selección     Experimento económico     El consejo del dictador     Diagnóstico y tratamiento     El pacto de estado     El rey que amaba la Ciencia     Generoso premio     La edad del pañal     El capitán del Humanidad     Visita al oculista     Soliloquio de un diputado     De trabajarés     Amor político     El mal bis     Buche monterrosiano     Otro chiste forgiano     Televisión española     Los hombres de Estado del Estado     El poeta que sí y no existía     Un viejo churruscadito     El precio del pan     El hijo de la puta     Sabiduría de urbanita     Chiste forgiano     Chiste (algo macabro) para físicos     La guerra     El marido     Contra las crisis     Hágase un cruasán     Fidelidad     Buen uso del sopapo     El jugador     Sobre la belleza de los europeos del sur     El felpudo     Huida machadiana     La violenta     Consejo español     La tolva     Epitafio para cobardes     Ensayo sobre el placer de llamar carabobo a un bobo     Algunos académicos oficiales     El club de los que nunca dicen caca     Ingenuidades     El peatón     Pedro y su navaja     La dieta     Entrenamiento para directivos     De perros y flautas     El domador     Un personaje en busca de aplausos     Método perezrevertiano     La violada     El catedrático     Abuelito el Batallador     Allí     El Gran Concierto     Hermano cainita     Posiciones     Vida amorosa de un espejo     El libro de Historia     Lágrimas     No somos Pepe     Palabra de capitalismo duro     Sobre dueños     La dimensión     Por qué     La ardilla     La subvención     La piara y las flores     El cínico     Dos siglos después     Salarios de los investigadores veteranos     La Gran Ley Astronómica (GLA)     Verbos berlusconianos     Biografía (I)     La empingorotada     Abrazo anónimo     El burócrata     La victoria     Psicología     El fanático     Sugestión     Los huérfanos y la ley     El payaso     Guillotina contemporánea     Negocio no sostenible     Corderito     El político     Programa del Partido para la Felicidad (PpF)     La receta     El arribista     El perro y el niño     Los nobles     La orden     Consciencia de madre     El medio caballero     Alocución y pesadilla     Soñando     La sociedad medieval     Un plan B







Los observadores


— Ausencia de valores.
— Presencia de posvalores.


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Liberación


Vendo muñeco hinchable. Todavía —¡uf!— en buen uso.


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Mi voluntad


— ¡Deja ahora mismo eso como estaba y donde estaba!...
— ¡Ay!, ¡sí, claro!, pero suéltame la oreja...
— Pues eso. Yo decido cómo y dónde tengo mis chakras. Y no me dejes aquí ese tofu, que te veo las intenciones.


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De cestas y huevos


Si quieres que alguien cuide tu cesta de huevos mejor incluso que tú mismo, haz que tenga en ella muchos de sus huevos.


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Dígitos


— ¿Estamos creciendo a doble dígito?
— No...
— ¡Mataaaadlos! ¡Matadlos a todos...! Y ya.


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La cadena


— ¿A ti te dan mucha pena los niños maltratados?
— Mucha más de la que yo les daba a sus padres.


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Tocar o no tocar


— Pezoncitos, ponte el taparrabos que te regaló y ven ahora mismo a palacio: el gobernador quiere látigo.
— No, dígale bien clarito que hoy no toca.¹

¹ ¡Zas!, este cuento-sopapo para los políticos para los que nunca toca intentar solucionar los problemas más graves pasados, presentes y futuros.


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La necesidad


Debate político:

— ¡Lo que necesita este país son menos y más chicharrones!
— Pero... ¿chicharrones con minúscula... o chicharrones con mayúscula?
— No frivolicemos, no frivolicemos.


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El proverbio del pescador


Si enseñas realmente a pescar a tu vecino, podrá llegar a pescar mejor que tú.


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Viñeta navideña


Cena de empresa, año 2050:

— O te apeas de mi aerofombra políptera autoconducida... o te apeo.
— ¡Nooooo! ¿Tú también, Bruno? No te me pongas cabrón... ¡Vamos a tomar la penúltima!


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Tu mascota


Nunca dejes que nadie te diga que tu mascota vale menos que un hijo de un vecino.


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Muy bien


— Y cuando un candidato es malo y los otros peores, ¿qué tenéis pensado hacer?
— Bueno, confiamos en que cada uno se encargue de que sus equipos formen candidatos mucho mejores que él.
— Ah, pues muy bien. Me quedo muy tranquilo.


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Una cosa te digo


— No podemos fiar el futuro a alguien que coge una hoja de papel o un bote vacío y lo mira, lo contempla, lo admira, y dice que es valioso y que no todo el mundo los tiene y que él ni en varias vidas podría fabricarlos... No podemos fiarnos de alguien así. ¡No! Porque una cosa te digo: quien con niños se acuesta, mojado se levanta.


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De tonterías


— Tenga usted cuidado: estoy muy tonto.
— He dicho que lo voto ¡y voy a votarlo!


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Escozor


— ¡Ay, ay, escuece! Ya sé por qué la gente intenta no pensar.


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Paquito el del barrio


— Alimaña, culebra ponzoñosa, deshecho de la vida...
— Paco.
— Rata inmunda, animal rastrero, escoria de la vida, adefesio mal hecho...
— ¡Paco!
— ¡Infrahumano, espectro del infierno, maldita sabandija, cuánto daño me has hecho...!
— ¡Pero Paco! ¿No estarás viendo el fútbol otra vez? Que el médico te ha dicho...
— No, tanquila, solo estoy viendo el debate sobre el estado del mundo... ¡Rata de dos patas, te estoy hablando a ti...!
— Ah.


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El poema del señor Burns


Vuestra precariedad es mi haber,
vuestra competición es mi poder.
Me cisco en vuestro futuro,
y brindo por mi presente.


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La factura


— Perdone, ¿y este cargo de aquí?
— Por existir.


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De neutralidades


Todo el mundo debería —las autoridades ni lo aconsejan ni lo desaconsejan, «para mantener una postura neutral»— llevar uno siempre encima. Por si acaso. Advierten los fabricantes de fliscornos.


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La excepción


— Bueeeeeeno... en su caso... si tampoco cumple el programa electoral haremos una excepción y no se lo reprocharemos.


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El elefante


El mismo elefante. Otro territorio. Y, en entrando, toda una cacharrería le llueve encima.


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Pollas duras


— [...] pese a la derrota el entrenador apuesta por la táctica de siempre, mueren veintitrés niños por una bomba mal tirada y la venta de viagra sigue creciendo exponencialmente.


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El presidente


— Pero cómo voy a tomaros en serio si me habéis elegido a mí. ¡A mí!


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La compañía


— Te faltaba un papel, te falta un papel y, por muchos que consigas, te faltará siempre un papel.
— Ya. Hace tiempo que me di cuenta. Por eso hoy he venido con esta navaja cachicuerna...


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Los viajes


Después de un buen rato sentados:

— ¡Pero si este tren está parado!
— Yo elijo en qué trenes viajamos todos.


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En el barro


Nunca te metas solo en el barro o no tendrás nadie a quien pisar para salir.


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Pisando callos


— Pisas muchos callos.
— ¿Es posible andar sin hacerlo? Hay demasiados.
— Entonces intenta moverte lo menos posible.
— ¿Y qué vida traeréis bajo mis pies?


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Las barrigas


— Aunque lo intentéis ahora, algunos ya no vais a salir en la foto (oficial) tan bien como pensáis: lo comido es lo comido.


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Hombre de negro


— [...] y un día ya por fin me llaman para una misión importante, que me hace tilín. Me dan un traje negro negrísimo muy nigérrimo, que ni para un funeral, y me mandan para un país pequeño y pobre, a ver qué pasa por allá, a supervisar y tutelar un poco las cuentas y todo eso, se podría decir. Nada más llegar, antes incluso del segundo martini, me doy cuenta de que allí lo que pasa es que entre cuatro terratenientes corruptos los tienen a todos empobrecidos, desriñonados de tanto trabajar, sin esperanza, engañados, que daba pena pensarlos, y hasta acongojadillos o acojonadillos... bueno, ambas cosas... Y me digo ¿me meto?, ¿no me meto?, ¿me meto?, ¿no me meto?, y así un buen rato. Al final me metí... ¡Cómo les dejamos a todos entre los cinco!, jajá, todavía me estoy riendo, jajejá, ¡ay que se me saltan las lágrimas!... ¹.

¹ Basado en una historia de Gila


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Reflexión


¿No me parece que hablo mucho para lo pobre que soy?


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Los donantes


— Le hemos preparado, en función de su presupuesto, doce donantes de colmillo vivos. ¿Quiere usted elegir uno, ir cambiando cada mes... ?


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El expresidente


— Expresidente, ¿después de su poemario Abuel@s que tararean rap, podría decirnos qué tiene usted en la cabeza?
— Bueno... poca cosa pero algo: no sé si trabajar en Gran Bancosa, relajarme un rato, hacer algunas tareíllas por las Naciones Arrejuntadas, comprar una isla y llenarla de calabacines, componer una zarzuópera... Surgiendo, por la vida, cosas van.


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La silla de Juan


— Si hoy dejo sentarse en la silla sólo a Pedro, ¿mañana será el único que tenga esa experiencia, podrá presumir de la buena postura con que lo hizo y no habrá otras con las que compararla?
— Y puedes pagarle un buen dinero por que se siente en ella.


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Salsa


— Tranquilo: hay salsa.
— ¿Hay kétchup!
— Sí.
— Traed para acá ese sapo verrugoso.


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Lógica borrosa


— Papá, hoy el profesor nos ha hablado de lógica borrosa y...
— ¡Ya están metiendo la política en las aulas!


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La taba


— Apresúrate a decir que lo has visto chuperreteando la taba de un niño que evidentemente acababa de comerse.
— ¿Y si no era él, no era una taba o no era de niño?
— ¿Y si funciona?


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Presupuestos


— Donde dije «digo» diré... ¡Pida presupuesto!


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Medida extraordinaria y temporal


Real Decreto 307/2017 de 1 de agosto por el que se regula una medida adicional que dota al Jefe del Estado de la potestad de mediación entre los candidatos a la presidencia del Gobierno de la Nación, en caso de que se barruntare la celebración de las undécimas elecciones porque hasta la ocasión no se hubiese configurado gobierno que garantizara el normal funcionamiento de al menos un mes de legislatura incipiente. A saber: hasta que concluyesen los trámites conducentes a la formación del mencionado gobierno, le será permitida la administración de burundanga a tantas terceras personas como considerase necesario u oportuno. Por el bien común.


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La institución


— Abuelo, ¿y cómo podíais tener tantos tontos a la vez en un mismo sitio?
— Ay, hijo. Colocándolos muy bien. Lo que no es fál... ni barato.


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El ingrediente


Sin el cinismo más acendrado, ¿seguiríamos en las cavernas?.


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Lo más rentable


— Si ser mediocre, cobarde, huidizo, inoperante, egoísta y traicionero es lo más rentable, ¡a ver si la gente va a tender a comportarse así?
— No, tranquilo, basta con decirles que no lo hagan.


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La oposición


— Perdone, candidato, ¿podría decirnos con claridad si prefiere usted gobernar sin razón a estar en la oposición con razón?
— Lo que está claro (pensamiento: pequeño chupatintas) es que sólo un gobierno cabal y sensato, moderado pero atrevido, conservador pero progresista, cariñoso pero valiente, que sepa mirar a derecha sin dejar de mirar a izquierda, y a izquierda sin dejar de mirar a derecha... pero sobre todo que sepa mirar al horizonte, siempre al horizonte, el horizonte como objetivo, y que sepa entreabrir y entrecerrar los ojos bien para ver incluso más allá... ¿Qué estaba diciendo...? ¡Ah, sí!: que sólo un gobierno así podría establecer los parámetros de un diálogo real, no quimérico, para debatir sobre lo que pudiera poder venir a considerarse razonar.
— Gracias, nos ha quedado bastante claro.


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El sabio


— Necesito consultar al limpiabotas del porquero de Agamenón.


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Cansancio de cafetín


— ¡Ya! ¡Estoy cansado de tener trabajo pero no tiempo ni dinero, o tiempo pero no trabajo ni dinero! ¡Y de que me traten como a un niño, y no me tengan en cuenta, y me mientan una y otra vez, y me engañen en mi mismísima cara... y luego me pasen la factura de todo! ¡Estoy muy cansado!
— ¿Y qué vas a hacer?
— ¿He dicho yo que vaya a hacer algo?


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El idioma


— ¡Ay si los de mi generación hubiésemos podido contar con la palabra startup... o al menos con networking...!


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Consejo gestor


Si tiene vocación, págale con un espejo.


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El yerro


— Las urnas han hablado... y se han equivocado. ¡Pero tranquilos todos!, que ya las corrijo yo. Gratis y por amor.


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Proverbio panadero


Si les dejas pensar en pan, terminarán queriendo pan.


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El cuento


— ¿Tú crees que con el cuento podremos dormir a los niños toda la noche?
— Si anoche funcionó...
— Pero el cuento es el mismo y los niños ya son distintos...


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Encuesta


¿Cuál de las dos descripciones siguientes crees que resume mejor la opinión que tiene sobre su presidente o presidenta?:
  (a) Es sensato o sensata, moderado o moderada, inteligente, polígloto o políglota, cosmopolita, conciliador o conciliadora, humilde pero valiente, empático o empática, previsor o previsora, reformador o reformadora, con mucho sentido común y, sobre todo, tiene mucho sabe estar.
  (b) Es la cosa más bonita que ha *parío madre (alguna).


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Al profesor


— Profe, si emprender es tan fácil y maravilloso, ¿por qué no lo ha hecho usted en estos treinta años?


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De mesas


Para hacer que se caiga una mesa de cien patas, sólo hay que cortar noventa y ocho.


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El dios glotón


Cada poco tiempo tenemos que sacrificarle casi una generación entera.


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El gasto


Cuanta más gente viva durante cuanto más tiempo en condiciones de precariedad, menos planeta gastan¹.

¹ Yo sólo informo, por si alguien quisiera tenerlo en cuenta al planificar su vida... o la de los demás


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La competición


— ¡Hay que competir, competir y competir!
— ¿Hasta cuándo?
— Toda la vida.
— ¿Y luego?


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Los comunistas


— ¡[...] porque los comunistas planifican con toda intención manipuladora, sacando sibilina y subrepticiamente de sí los más bajos instintos humanos para, utilizando el miedo del pueblo siempre desoído y con la excusa de mantener el orden social, ponerlos al servicio de su propia existencia de seres privilegiados y al de ese grandísimo mal retrógrado que no tiene otra intención más allá de asfixiar y constreñir, desde su visión totalmente sesgada y extrema, a sus congéneres exhaustos para perpetuar una estructura socioeconómica anquilosada basada principalmente en clases sociales grises prácticamente estancas que garantiza el acotamiento, a través del control de los recursos naturales y de los procesos de producción y de la justicia y de los medios de comunicación, los derechos más naturales, las libertades todas y hasta los mismísimos espacio y tiempo minkowskianos!
— ¿Y nosotros?
— Nosotros no. Nosotros justo lo contrario.


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La evaluación


— La cosa funciona así: Tú te esfuerzas mucho mucho, dedicas los mejores momentos de tus mejores años de vida al trabajo, tu tiempo todo y en exclusiva, tu poco dinero, tus muchas energía, y la de tu entorno, todas tus ilusiones... y luego ya mando yo a uno de mis hombres por tu trabajo... ¡no!, mejor: consigo que nos lo mandes tú con toda la ilusión del mundo... y luego ya sí que, sin infringir ni un ápice las leyes, en el centro del patio, en corro, yo y mis hombres evaluamos tu trabajo con técnicas ya bien probadas que no voy a describirte ahora aquí. Suena bien, ¿verdad? Hale, dale fuerte ahí.


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Diseño socioeconómico


— ¿Se han dado cuenta de lo difícil que es tener un trabajo digno y lo fácil que es colaborar con ocho o diez organizaciones no gubernamentales?
— ¡Ah!, pues pensábamos que nos votabais para eso...


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El empleado de banca


— Perdone, don Manuel, no quisiéramos parecer entrometidos... pero a sus trabajadores nos preocupa ese empleado de banca que viene todos los dís, saluda con un ademán desde la puerta del comedor, se acerca y le saca la cartera del bolsillo, coge un par de billetes, se los restriega a usted un poco por la cara antes de guardárselos, deshacer el camino y desaparecer saludando de nuevo desde la puerta. Si necesita algún tipo de ayuda... que sepa que aquí estamos, para lo bueno y para lo malo.
— Buen gesto, señor García. Ya está mi mujer ayudándome con eso: una obra de arte que compré un poco en caliente... y que estoy intentando vender cuanto antes.
— Vaya, pues sí que tuvo que ser cara...
— ¡Qué va!, si era baratísima casi regalada. Pero la obra de arte es él.


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Un par de días


— ¡Papá!, háblanos otra vez de piedras y palos y cuerdas y tablas. Sin las cosas de la Internet ni la internet de las cosas, ¿cómo le encontrabais sentido a la vida?
— Te voy a quitar yo la tontería con un par de días de hambre...


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Los momentos


— Entonces, ¿queréis ser una empresa privada o no?
— Ora sí, ora no.


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Sobre dormilones


— Nos ha robado millones de euros con los que lleva la vidorra padre: mansiones, cochazos, yates... ¿Dormirá usted tranquilo?
— Yo sí, vosotros no sé.


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Potencias de dos


— Les pides dos elevado a la cero papeles, a los que te los traigan les pides dos elevado a la uno papeles, cuando te los traigan les pides dos elevado a la dos papeles... y así hasta ver quién aguanta más: ellos o tú. Al que abandone, lo acusas de no esforzarse lo suficiente y de no valer para esto, y, si se queja, de querer un trato preferente para él solito.
— ¿Así de fácil?
— Así de fácil. La vida es fácil. Aunque siempre hay gente a la que le gusta complicarla innecesariamente.


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La junta de accionistas


— ¿O sea, que nos pide cariñitos y mimitos?
— Cariñitos y mimitos, sí.
— Multiplica la deuda de la empresa, no reduce la desproporción de altos mandos ni los evalúa de ninguna manera, cancela los planes de formación de los empleados y deja irse a los formados por su predecesor, reduce al mínimo la inversión en mantener y renovar maquinaria, no aumenta la inversión en innovación el dos por ciento que le pedían sino que la reduce en esa misma cantidad para dar ejemplo... Todo ello, repito, a la vez que multiplica la deuda. ¿Y nos escribe presumiendo de que no se ha opuesto a que los acreedores refinanciasen la deuda y de que se ha dedicado a los asuntos verdaderamente importantes para la empresa, y pidiéndonos cariñitos y mimitos?
— Sí, quiero cariñitos y mimitos. Muchos y ya.


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Inundación


— ¿Y si inundamos la empresa de becarios talentosos de las clases sociales más bajas, vitalicios y a ochocientos euros al mes?
— Pide otra copa y recuérdame mañana que te suba el sueldo un quince por ciento.
— Coordinados y dirigidos por nuestros hijos, también vitalicios pero a seis mil.
— Treinta.


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La institutriz


— Niños, desde ahora tenéis que estar ya siempre corriendo rapidísimamente hacia ninguna parte. El que no lo haga sólo comerá pan y cebolla, él verá. ¿Ha quedado claro?


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Chorritos y gotitas


— Bueno, tranquilos... Cómo os ponéis por unos chorritinines de corrupción de nada... Apenas unas gotirrininas... ¡Estreñidos, que sois unos estreñidos!


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La representación


— Me pedís que os represente, me pedís que os represente... y cuando mejor lo estoy haciendo ¡me detenéis por corrupción!... ¡so cínicos! Que no sois de fiar, ¡judas! Si ya sabía yo que tenía que engañaros...


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Ejercicio lingüístico


Analizar sintácticamente las siguientes frases o párrafos:
  (a) Aquí ha entrado mucho dinero... dinero que no podía contar. En esta casa hay mucho dinero, como para asar una vaca, pero no lo vais a encontrar. Si os lo digo, os lo lleváis. Mi hijo tiene dinero para asar una vaca y una cámara llena de jamones de pata negra.
  (b) El pago de comisiones en efectivo o en especie en cacerías y prostitutas era absolutamente habitual. Son las putas reglas del juego.
  (c) Decía: «Necesito chicas altas, rubias, que sean putas para relacionarse con gente muy importante».
  (d) Habéis declarado muy bien, hay que celebrarlo con un volquete de putas.
  (e) He tenido que pagar millones en mordidas, putas, regalos y fiestas.
  (f) Tocándome los cojones, que para eso me hice diputado. Y ahora estamos peor, [...] todo el mes de julio tengo que currar. Esto es una putada. Acostumbrado a no trabajar, coño, es una putada.
  (g) «¿Cómo es posible que un maletín con un millón de euros, que no tiene patas, llegase hasta el altillo de su armario?»« El millón será de algún fontanero o de alguien de Ikea.»
(Continuará...)


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El sobrino


— Repito la pregunta: ¿qué más da ese experto que mi sobrino?
— Pues ahora que lo dice así, con esa miradita y escribiendo otro cero ahí a la derecha... Que lleva usted razón. ¡Pero toda, eh!
— El mercado es el mercado.
— Sabia verdad. Así es. Y algunos ratos no me disgusta del todo sentirme como una mercancía o un objeto, ya me entiende... [Guiñito de ojo.]


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Un tipo de estabilidad


La mediocridad estabilizada también es estabilidad.


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De gobiernos y chistes


— ¡Porque una cosa es gobernar y otra es contar chistes! No es lo mismo... No.
— Pues venga, arráaaaanquese usted con una buena tanda, si es tan fácil. A ver si al menos engañamos un poco a nuestras hambres.


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Picasso


— ¡No, no y no!, Pablito. Así no. O nunca pasarás de pintamonas. Los cánones oficiales dicen que treinta por ciento de rojo, treinta de verde, treinta de azul, nueve de negro y uno de absoluta libertad. Mira qué bien lo hace mi hijo. Aprende.


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El inspector


— ¿Denuncia que el funcionario no ha hecho su trabajo de atenderle y encima le ha dado unas hostias?
— Como lo oye, eso he dicho. Casi me pone los dos ojos en el cogote...
— Pues muy bien. Ahora se queda usted con las hostias, con todas las hostias, y vuelve a ponerse a la cola. Que esto es un país serio, oiga.


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Hacer


— ¡Ya! Estoy cansado de hacer como que hago, voy a empezar a hacer.
— ¡No, no!, no hace falta. Si lo está usted haciendo muy bien como hasta ahora...


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La raza


— ¿Y estos perros, que ni los echas de comer ni te dejan de querer?
— Son de raza española.


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El río


— Dado que el Pisuerga pasa por Valladolid, no tengo más remedio que bajaros el sueldo.


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La disputa


— Estás enfermo.
— Soy malo.
— Que estás enfermo.
— Que soy malo.
— Digo que estás enfermo, sólo eso.
— Pues yo exijo que me dejes ser malo.
— No te dejo.
— Jo, por favor, déjame ser...
¡Zas! [Puñetazo en la boca.]


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De visita


— ¡Por favor, Ramón! ¡Por supuesto que tu perro puede ponerse mi bata, sentarse en mi sofá y fumar de mis puros! Ya me siento yo en el suelo, ¡mira, mira!


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Los días


Entre memeces y crueldades no conseguimos mucho, pero pasamos los días.


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La otra estrategia


— Es obvio que no nos conviene cambiar de estrategia.
— Pero si no tenemos ninguna estrategia, jefe.
— Pues entonces no debemos empezar a ternerla.


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De compras


— Hola. ¿Hay permiso?
— Adelante.
— ¿Tienen levitas?
— No.
— ¿Y levitones?
— No.
— ¿Tabardos?
— Tampoco.
— ¿Capotes?
— No.
— ¿Y *paletós ¹?
— Tampoco.
— ¿Casacas chambergas?
— No.
— ¿Sobretodos?
— No.
— Pues están ustedes apañados...
— Perdone, pero está en la zona más exclusiva de la ciudad...
— No me venga con cuchufletas... ¿Y trincheras?
— Tampoco.
— ¿Pellizas?
— No.
— ¿Mucetas?
— No.
— ¿Y zamarras o chamarras?
— Ni una.
— ¿Ropones?
— No.
— ¿Y trencas?
— Tampoco.
— ¿Tabardos?
— Ni cuarto de kilo.
— ¿Y gabardinas?
— Sí, gabardinas sí.
— Pero ¿de las de comer?
— No, de esas no.
— ¿Gabanes?
— También. Y parkas, tres cuartos, anoraks... Ah, y tengo una parca para usted...
— No, gracias, yo voy buscando una buena levita. Adiós.

¹ Según Clave: diccionario de uso del español actual, el plural correcto es paletoes.


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Huevos y maestros


— Trae para acá, cuando seas padre comerás huevos.
— Pues mi maestra dice que para llegar a ser padres hay que comer huevos...
— ¡Qué sabrá tu maestra de la vida!


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Niños jugando


— ¿Jugamos a la democracia?
— ¡Síiii! Me pido ser el banco.


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El muertito


Epitafio:

— ¡Eh!, no me dejéis aquí, esta gente está muy aburrida...


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Talento del lugar


— Lo siento, forastero, por estas tierras sobra el talento: tengo varios hijos y muchos familiares, así que imagínese... Pero le deseo un buen viaje.


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El paciente


— Nunca voy a un médico que no me receta lo que yo quiero.


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Poema marinero


El mar,
La mar,
Lo mar.¹

¹ ¡Uy, perdón, perdón, perdón! Es que las vacaciones despabilan a las musas...


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La cabezada


— Bandera... Patria... ¡Disimula un poco!, hombre... Transparencia... Unidad... Excelencia...
— Yo no lo despierto.
— Coherencia... ¡Trae ese sobre pa' mi bolsillo!... Confianza... Solidaridad...
— Pues yo tampoco.
— Excelencia... ¡Noooooo, a los perroflautas ni agua!, ¡vade retro, vade retro!... Futuro... Presibilabisilidad...
— Ni yo.
— Patria... bandera...
Y el consejo de ministros sólo continuó cuando el presidente se hubo despertado.


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Las normas


— Hay que cumplir las normas.
— ¡Si las ha puesto usted sólo!
— De ahí su justicia y, permítaseme, su gracia.


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Burocracia


— Perdone usted, no puede morirse aún: le falta un papel. Y estas cosas están yendo para largo. Vuelva por aquí dentro de diez o doce meses a ver qué hemos podido hacer.


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El fin del mundo


Los cielos ya tonitruantes
y el niño pajillero todavía no se había quedado ciego.


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Gula


— ¿Te parecen bien cien pasteles para cada uno?
— Me ofende la propia existencia de un límite.


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La decisión


— Presidente, ésa es su decisión. Si acierta: lo aplaudiremos, lo seguiremos, lo ensalzaremos y lo premiaremos. Pero por el contrario, si yerra: lo aplaudiremos, lo seguiremos, lo ensalzaremos y lo premiaremos.


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De selvas y leones


Si un león decide vivir y actuar como una gacela, y, como consecuencia de ello, pasa hambre, ¿de quién es la culpa: de la selva o del león?


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La elección


— Yo ahora voy a darte un tortazo y tú eliges lo que quieres que te duela.


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Entrecosas


— ¿Estoy gordo?
— Entregordo.
— No entremientas.
— Pues no entrepreguntes.


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La casa del vecino


— ¡Papá, papá!, hoy he estado jugando en casa de Luisito. Y yo quiero que tú también trabajes de tonto sin escrúpulos...


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La táctica


— Lo que tenemos que hacer es confiar todos mucho en mí. Yo ya casi lo he conseguido.


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Sobre ofensas


— Entonces, ¿se ha sentido usted ofendido?
— Muy ofendido.
— Pues ya está, no se hable más. Declaro al acusado muy culpable.
¡Toc!


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Las palabras


— El estado gigante y abusón ha metido la mano en mi bolsillo y me ha robado cien euros.
— O sea que te han vuelto a poner una multa por poner en peligro tu vida o la de los demás...
— ¡Eh eh eh!, no manipules las palabras.


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Solución mágica


— Tengo una solución mágica, pero necesito más tiempo, financiación y libertad de acción.
— Entonces no será tan mágica...


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La comanda


— ¿Qué tal todo?
— Rico rico. Mis sentidos ya han comido, ahora voy a pedir algo para el estómago.


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Sobre chistes


— Cariño, una preguntita. Aquí dicen «nuestro sistema es el que mejor garantiza a cada familia los medios que necesita para vivir con dignidad». ¿Tú dirías que esto es humor negro?



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La llamada


— Queridísimos ciudadanos, he soñado que tenemos que pedir un crédito para comprar quinientos tanques, cien aviones y cuatrocientas bombas. Así que eso es lo que vamos a hacer, porque estas llamadas... no de teléfono, claro, por supuesto, obviamente... sino oníricas, sí, llamadas oníricas, eso... Estas llamadas, decía, no conviene desoírlas. Grandes peligros nos acechan día y noche, que lo sepáis. Pero aquí estoy yo.



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El superhéroe


— Si yo digo que necesitáis que os salve de los malos, es que necesitáis que os salve de los malos.. ¡Eh, hacedme algo de caso alguna vez!


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Más


— Quiero más.
— ¿De qué?
— No sé.


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El mandato


— O nos engañas mejor o no volvemos a votarte, tú verás.


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El manitas


— Recortamos por aquí... estiramos otro poco por acá... y ahora aplicamos una pizca de sentido común.
— ¿Del de usted o del mío?


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Calabazas


— Porque on the one hand eres feo, y on the other hand también.


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Crónica musical


Suenan rumores de que los gatoviolines acusan a los perroflautas de falta de profesionalidad. Concretamente de entrar a destiempo, no respetar los silencios y pretender acceder a partituras que no han sido compuestas ni para ellos ni pensando en ellos. En su actuación, la agrupación de gatoviolines parece haber advertido de los riesgos que esto puede suponer para las músicas tonal y atonal, así como para toda la humanidad y el propio orden natural cosmológico del mismísimo sistema solar. (Sin exagerar ni un forte.) Supuestamente, los gatoviolines han finalizado pidiendo —en clave de sol— un poco de porfavor. Varios perroflautas, en menos de un silencio de garrapatea, parece ser que se han llevado el instrumento a la nariz y han arrancado con lo que pudieran ser unos compases del himno a la alegría. Tararí, les seguiremos informando. Fin.


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Don nadie


— Hija, piénsatelo bien, no sé si te conviene... ¡es un don nadie en Twitter!


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El nuevo dintel


Los minitrabajos os harán libres.


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Tiempos de superación


Superada toda aquella charlatanería kantiana, hoy podemos sentirnos libres para desear e imponer a los demás lo que no queremos para nosotros mismos. ¡Ay!, qué bonita es la palabra «libertad».


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Política kafkiana


Una solución salió en busca de un problema.


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La huida


— Eh, tú, no puedes irte así, aún no hemos terminado de reírnos de ti... ¡Eh, alto! ¡Que alguien detenga al becario diecisiete!


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La efeméride


— Cariño, para celebrar nuestro aniversario he preparado una infografía metaconceptual de nuestra relación, desde el caldo primigenio de Oparin hasta hace cinco minutos.


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La duda


— Perdón, ¿ha dicho usted que vende motos o que pide nuestros votos?


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Los libros de historia


— ¡Me da igual!, yo me meo en los libros de historia de dentro de cien años.
— Pero si todavía no han sido escritos...
— Pues traedme un frasco grande que lo dejo bien lleno.


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El chocolate


— Ya he descubierto dónde esconden el chocolate mis padres, ¿comemos un...?
— ¡Síiiiii!... Bueno, mejor no, no sé si al PP y al PSOE les gustaría...


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Golas y verdades


— O engolas la voz o no te creo.


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El cagón


— ¡Me cago en tu poesía!, niño.


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Sobre dulzuras


— Te arrancaré la cabeza con total dulzura.
— ¡¡¡Noooo...!!!
— He dicho «con total dulzura», ¡que no escuchas!


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No tontos del todo


— Pero no podemos utilizar esa información, somos liberales y respetamos el mercado.
— Ya, pero no somos tontos del todo. Piensa que lo hacemos por necesidad, para sobrevivir.
— El negocio no está en mala posición...
— A ver, sólo así podremos defender y salvaguardar el mercado. Lo de enriquecernos es sólo colateral.
— Pues vas a llevar razón.
— Claro, hombre, claro. Porque queremos al sistema más que a nosotros mismos.


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Victoria


— Valores, ética, moral, afectos... ¡Mariconadas todas! Y de las grandes. Artimañas que necesitan algunos para poder ganar, que no os despisten. ¡Y a mí habladme de Victoria!


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Los socios


— Oye, he pasado por el banco y resulta que falta dinero...
— ¡Pues si ha pasado, ha pasado! Otra vez será al revés. Y ahora a trabajar, que ya es hora.


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De métodos científicos


— ¡Nada!, así cualquiera. Los nuestros hacen ciencia con gordinflones en los hombros.


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La corrección


— ¡No, no, no! Yo te dije que te daba trabajo, no sueldo.


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El cabroncete


— ¡Vamos a ver, que me tienes harto! Para que yo pueda cobrar cincuenta tú tienes que cobrar cinco. Lo siento, es así, entérate. Y si quieres cambiar las cosas, creas un partido político, ganas las elecciones y luego se verá... Y vete ya a marear a otro sitio, tengo cosas muy importantes que hacer... ¡Eh!, no tendrás una grabadora en el bolsillo, cabroncete...


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¡A mí!


— A mí a demócrata no me gana nadie, que lo sepáis. A ver si vais a venir ahora a decirme a mí cómo tengo que interpretar vuestros votos. ¡A mí! Vosotros. A mí, que llevo toda la vida en esto. Qué sabréis vosotros lo que es la democracia... ¡so chulos!


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La filosofía de Flanders


Cositas pasan y preparaditos tenemos que estar.


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Competitividad


— [...] competitividad, competitividad, competitividad, competitividad, competitividad...
— ¡Presidente!
— [...] competitividad, competitividad, competitividad, competitividad, competitividad...
— ¡Que se nos va a ahogar, Presidente!
— [...] competitividad, novecientos noventa y nueve, y, competitividad, mil. ¡Ay!, qué a gusto me he quedao, por favor. ¡Y cuánto me quieren! — ¿Y ahora qué?
— Nada. Ya está todo hecho.



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Cuellos


— [...] y entonces le retorcí el cuello hasta que dijo justo lo contrario...
— ¡Al juez?
— No, al lenguaje.


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El gladiador


— Contra ese león, con esta espada de madera, lucháis vosotros.
— [...]
— ¿Qué?... ah, vale vale, perdón, pensé que podía opinar... Bueno, allá voy, a ver qué sale...


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Sobre pintar ovejas


— Aquí a las ovejas negras las pintamos de blanco blanco...


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De hombres buenos y guapos


— ¡Uy, qué barato... dame dos! Y de ese del regalo dame otro... bueno, no, mejor tres. Pa' regalar yo. También uno de esos... una de esas... y... vale por hoy. ¡No, no, ahí pone nuevo formato! ¡Nuevo formato! ¡Dámelo, por favor, dámelo, te lo suplico!
A continuación, volviéndose hacia su hijo:
— Luisito, hijo, cuando seas mayor y ahorres, vienes y pagas a este señor tan bueno y guapo.


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El cura


— Aquella mujer pone muchas velas, haced que le llegue algo de ayuda.


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De fotos


— Ah, pues si se ha hecho una foto con niños no puede ser un mal presidente... ¡me lo pido!


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El acto


— Muy bueno el humorista este, jajejijojú.
— No, viene ahora. Ése era el presidente de la compañía.
— Ah, pues me ha hecho pensar en un bonobo en bata de guatiné.


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Meritocracia


— A ver... ¡tú!


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La fórmula de Einstein


— [...] y entonces se llega a que la energía es igual a la masa por el cuadrado de la velocidad de la luz.
— ¡Eso mismo iba a decir yo ahora mismo!
— ¡Y yo!
— ¡Y yo!
— ¡Y yo antes!


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Mi abuela en Davos


— Han dicho que si unos ganan once y otros sesenta, las diferencias van aumentando con el tiempo.
— ¿Quiénes?
— En Davos.
— Eso lleva diciéndolo mi abuela cincuenta años.
— Si la hubiesen llevado a ella antes...


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La bruja y el labrador


— Con la cuarta luna llena tras el ducentésimo sexagésimo nono día después de parida la gata más negra del pueblo, en cantando el tercer gallo deben ser uno el que la clepsidra marque el segundo segundo y el enterrar la primera semilla, que deberá haber estado macerándose ni más ni menos de un día en la cagada rerreciente de un grajo albino.
— ¡Evidentemente! Pero ahora dígame usted algo que yo no sepa ya: para eso he pagado.


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El mafioso al político


— Mire, no suelo fiarme de alguien que no tenga un buen número de vicios... ¡pero lo suyo ya es demasiado!


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Teoría y práctica


— Schrödinger, cariño, ¿estás seguro de que este gato no necesita gatera?
— Casi segurísimo, cada vez que no lo vemos está paseando medio afuera.


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La excelencia


— ¿Os interesa la excelencia?
— ¿Pero es regalá'?
— No
— Pues entonces no.


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Poder y deber


— No podemos permitirnos tanto boato.
— Sí podemos, señor, sí. Mire usted por la ventana.


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Los poquititos


— Un poquitito más, un poquitito más...
— Así lleváis treinta años.
— Un poquitito más, un poquitito más...


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El presidente que sólo dormitaba


— No duermo, dormito. El pueblo cacarea mucho, e incluso hay quien habla de poesía. Creo que tiene demasiado tiempo libre.
— Tranquilo, jefe. Tengo unas pulgas gordas que echarles a esos perros flacos...


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El vicio


— Pero qué vicio tenéis con nacer en familias pobres... ¡Cabrones!


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De aguas


Cuando el pueblo todavía le niega el agua a su rocinante, el quijote debe dar media vuelta y volver a su cordura algún tiempo más.


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Duelo de pérdidas


— ¡Tú no sabes la de dinero que he perdido yo por dedicarme a la política...!
— ¡Calla, que mucho más he perdido yo por no dedicarme a ella!


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El concertino infalible


— Te hemos contratado para que toques.
— Ya, pero quien no toca no yerra.


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Credo


Creo en la ley de la selva vestida de puta de lujo disfrazada de dandi (casposo).


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Las facturas


— Ah, sí, se me fueron por tabaco el mes pasado... ¡Y no digan nada!, por favor, no se pueden imaginar cómo me siento yo, hundidísimo me hayo.


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En el consejo de ministros


De repente se levantó de su asiento, funció el ceño, y dando una pataleta en el suelo dijo:

— ¡O sea, que no hay chuches para todos! Jo, jo y mil veces jo.

A continuación, paseando nerviosamente alrededor de la mesa:

— Uf, a ver cómo le decimos esto al pueblo...


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Y sin embargo


— Ni sinembargos ni sinembargas, aquí no se mueve nada ni nadie... ¡Eh!, una mosca cojonera... ¡Guardiaaaaass!


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La oferta


— Me gustas... pero como amigo. No debemos poner en riesgo nuestra amistad...
— ¿Y si meto un poquito la barriga?


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La diputada enamorada


— Pues no sé, tía. Es que lo veo tan... tan.. tan pepesocialista. ¡Sí, eso!



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Aire


— ¡Eh eh eh!, no respires más que yo.


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El mordisquito


— Uy, sabes un poco a tortazo pero me da igual...
¡Zas!


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Los economistas


— ¡Atención atención! Señoras y señores, traemos metáfora:
  1. Hemos estabilizado al muerto.
  2. El sujeto murió porque dejó de vivir.
  3. Este muerto, éste, ya no volverá a morir más.
    Gracias, gracias


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De guapos


— ¿Y aquí los guapos también tenemos que pagar?
— Sí.
— ¡Pues vaya mierda de país!


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El juez


— Antes de nada: ¿y tú de quién eres?


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El dinosaurio


Entrevista a Reverte-Pérez:

— ¿Qué opina del dinosaurio de Rosomonte?
— Que encima estaría haciéndose una paja, el muy cabrón. El dinosaurio, digo.


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Sobre fieras sueltas


— He soltado el león.
— ¡Tú estás loco, ve y átalo!
— Sí, ya. A ver si voy a tener que hacer yo todo...


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El ojete bien ofrecido


— ¿Está bien así, mi amo?
— Siempre se puede mejorar, España.


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Patria o poder


— Dame poder, que luego ya soy yo todo lo patriota que hace falta.


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Las mujeres de Groucho


— Me gustan las mujeres con sentido del humor, y el dinero me hace reír tanto...


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Sobre platos


— Emplataaaad, emplataaaad... Mamá, papá, ¡cuántas veces os tengo que repetir que emplatéis bien?


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La entrevista de trabajo


— Y en volar moviendo las orejas, ¿qué nivel tiene usted?
— Ni cero.
— Uy, uy, uy...


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Vicio político


— ¡Pero eso es lo contrario que prometimos en campaña!
— Calla, calla, que me excita ver cómo salen a defenderme todos los nuestros. Pequeños vicios que tiene uno, y no como otros crápulas que hay por ahí...


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Desrisas


— Yo digo aquí lo que tiene gracia y lo que no, ¡desreíos ahora mismo todos!


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La consentida


— España, cariño, ¿qué quieres ser de mayor?
— ¡Cállate, puta vieja!


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Sentido común


— ¡Uy!, pone «a la deriva». Andreíta, dile a tu maestro que no está bien que los continentes vayan a la deriva. Alguien debería hacer algo.


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El desayuno


— Porque los de la Asociación de Periodistas Bien Informados, Moderados y Responsables sabemos a ciencia cierta que tú y los tuyos desayunáis bebida de soja y niños requetecubiertos de chocolate¹...

¹ Por cierto, ahora que lo pienso creo que algún pastelero debería inventar los niños requetecubiertos de chocolate...


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Pimpón judicial


— [...] culpable.
— ¡Arrenuncio!
— ¿Otra vez?


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Mi amigo el ultraliberal


— Oye, ¿sabes que a Manolo casi lo mata un meteorito el otro día?
— Él sabrá lo que hace...


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Ese chavalín


— No comprendo por qué tenemos que pagar al chavalín.
— ¡Ramón, es tu sobrino y trabaja diez horas al día!
— Bueno, bueno, ya veo que no quieres que te compre otro chalecito más...


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Cornadas


— Las posibles nuevas alegaciones del denunciante, por favor, en calidad de herido por asta de marido.
— Señoría, repito que yo iba bajando por unas escaleras, me tropecé y fui a caer a un piso donde había una mujer desnuda...


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El tertuliano


— ¿Y tú qué opinas?
— Que ratatatatá. Como broma... pero con balas de verdad. Ratatatatá


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Mirada de niñato


— Pues a mí mi papá me ha dicho que cuando me encuentre con la meritocracia me plante delante de ella, la mire a los ojos... y le mee los pies.


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El político moderado


— Moderación, moderación y tres mil trillones de veces moderación. ¡He dicho!


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Las aguas


— ¡Que me traigan al ministro!
[Se lo traen]
— ¡A ver!, llevo aquí dos horas dando bastonazos en el suelo y las aguas no se abren para que yo pasee por ahí y coja unos mariscos... Uf... uf... ¡qué crees tú que tengo que hacer contigo?


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El circulito


— No te pago y así no puedes comprarte corbatas. Nadie que no use corbata puede razonar correctamente. Y como no llevas razón, no puedes pedirme que te pague.


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Enfurruño existencial


— ¡He dicho que no me levanto de esta silla hasta que no me aclaréis de dónde venimos, quiénes somos y a dónde vamos!


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Su dulzura de usted


— Con todos mis respetos, es usted más empalagoso que meterse tres azucarillos en la boca.


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El jerarca


— A ver si te crees que porque tengas la razón voy a tener que dártela.


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Dos viejos verdes¹


— Nos estamos haciendo unos viejos verdes.
— Yo sí, porque me estoy haciendo viejo...

¹ Basado en una conversación real de veinteañeros.


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Chinchorreando


— Pues que sepa todo el mundo que, según asegura mi vecino que dicen que se comenta por ahí, los holandeses fuman «cigarros raros» y pasean mucho por el barrio rojo para luego volver a casa a «tocarse»...¹

¹ ¡Zas!, este cuento-sopapo por meternos cinco goles el otro día. Menos mal que en los próximos partidos otro gallo va a cantar... Creemos.


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Mafalda pregunta en el parlamento


— Si discutís de mentira, ¿por qué cobráis de verdad?


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Palabras a granel


Toc toc.
— ¿Quién es?
— Aquí el repartidor de palabras al peso. Traigo el pedido de este mes, a saber: siete toneladas de modernidad, cinco de excelencia y tres de regeneración; ah, y como regalo de la casa diez arrobas de la locución persona de Estado y otro tanto de ni fu ni fa. ¿Dónde lo pongo?


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La operación


— ¡Salíos y dejadme a solas con todos estos aparatos!
— Pero...
— ¡A solas!, he dicho. Y ya. Si soy catedrático, ¿cómo no voy a poder operarme a mí mismo?


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Ley politicoeconómica


— Señor presidente, ¿cuándo estiman ustedes que empezará a mejorar la economía?
— En el segundo semestre del año que viene.
— Eso mismo dijo usted el año pasado.
[Pausa breve pero tensa.]
— A ver, más preguntas. Pero que tengan sentido, por favor.


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El trabajo


— Ah, y un último detalle: aquí tenéis que venir pagados de casa, nosotros ya os damos experiencia.


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El amigo sincero


— No te ofendas, pero ya van quedando pocos tontos de tu tamaño...


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En la barbacoa


Un padre a un niño:

— ¿Tú crees que ésta está? ¿Le doy la vuelta ya? No digas nada a los demás, pero no tengo ni idea de hacer esto... Algún día verás en la vida que mucho más importante que saber hacer es hacer que sabes hacer...


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La regañina


— ¡Basta ya!, se me agota la paciencia... En esta casa sobra cariño, ¡así que dile a tu jefe que te aprecie un poco menos y te pague un poco más!


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El espía


— Majestad, lo que sospechábamos: madrugan tanto para poder envidiarnos más horas.


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Me ofendes


— ¡Pero, por favor!, la duda ofende. Todo el mundo tiene un precio y yo no voy a ser menos... Sigue, sigue.


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El hombre que se enganchó en un siesque


— A ver. Si es que... si es que... si es que... si es que...
Y así hasta que murió.


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La auditoría


— Señores directivos, a ver cómo metaforizo adecuadamente... Ah, ya: ¿creen ustedes que podría ser rentable un corral en el que hubiese quince gallos y una sola gallina?... ¡Ni tiempo de poner tendría!... Pues eso.


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Sobre sesos


Estrujábanse los sesos los sabios oficiales:

— Ya vestimos buenos trajes, ¿por qué no terminan de tratarnos como a una gran potencia?


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El miedo


— Si lleva quince años tomando el café de la mañana con nosotros, ¿cómo no va a ser el mejor candidato para el puesto? De verdad, María-Antonieta, estás empezando a darme miedo... No creo que lo hayas insinuado en serio... Mira, María-Antonieta, que todavía me fío de ti...


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De cómo Homero Simpson llegó a presidente (y se mantuvo en el cargo unos minutos)


En campaña electoral:

— A ver, listillos, y tú Flanders el primero, ¿para qué necesitamos un plan de futuro si tengo yo aquí este libro de chistes?


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El antipoeta


— Yo busco y tacho vuestros versos sueltos.


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La competitividad de los Marx


— ¡Traed becarios que echen madera! ¡Traed becarios que echen madera!


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¡Últimas news!


— Atención atención: Cancelamos esta sección cultural para informar [de] que el perrito de la tonadillera ha hecho pis pero no caca. Aún.


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La estrategia


Cuando el botijo se ponga de moda, dominaremos el mundo.


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La paz de Groucho


A y B no deben discutir si pueden solucionarlo todo con dinero de C.


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El exorcista


— Vamos a ver... que no es por no exorcizar a su señor... pero es que yo creo que lo único que tiene metido en el cuerpo es el vicio puro.


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Mi madre


— Pues el mío no gana un dineral, ni manda sobre mucha gente, ni se lo rifa nadie, ni vienen a casa a pedirle por favor que trabaje para ellos... Así que os pediría que lo fueseis contando por ahí, cuanto más mejor, a diestro y siniestro, para ver si se difunde bien su situación y cambia su suerte... Es posible que el mío vaya para perdedor, ¿no creéis? Que hasta un día lo descubrimos su padre y yo meneándosela a dos manos como si no hubiese un mañana... Lo que os digo. Ya veis lo que tenemos en casa. Contadlo mucho por ahí, por favor, os lo ruego. Me quedaré más tranquila.


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¡Al rico mochuelo!


— ¿He oído la palabra «justicia»?, ¿ha pronunciado «separación de poderes», «libertad de expresión», «iqualdad de oportunidades»? ¿Has dicho estas cosas, chaval?... Uf... ¡Pero de dónde habéis sacado a este mochuelo?, ¿ha estado congelado por ahí un siglo?... Uf... Anda, sacadlo un rato de paseíto al mundo, a ver si la vida le ilumina un poco el camino...


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El alumno aventajado


— Estimado don Profe, como no podía ser de otro modo, y con todos mis respetos hacia el sistema educativo en general, a esta institución en particular, y algo también a ti, así como a las decisiones todas a las que se les pueda atribuir un mínimo de sensatez, me permito dar mi opinión acerca de lo que acaba de ordenar: digo que no toca que usted me evalúe a mí hoy, y, es más, no creo que convenga abrir ahora el melón de las evaluaciones...


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El inspector Gila interrogando al malo


— Pero entonces, ¿ha sido un robo robo o solo un robo broma?


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Los ladrones


— ¿Y qué culpa tengo yo de que esta vez se haya despertado el perro?
— Si no le hubieras pisado el rabo...


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Los nuevos pastores


— Entonces, ¿dices que cuando yo doy suspiritos y pestañeo graciosamente se disparan las ventas de novelas románticas? Hum... creo que tengo que hablar con mi agente, hay por ahí una comisión que se me está escapando...


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El cómico y los bufones


— Nos preguntábamos, Majestad, si pudiera proceder que diésemos catártica manifestación de nuestro interior a propósito de este su bufón, que con muy buen criterio ha hecho salir aquí hace una hora a contar chascarrillos, hacer gracietas y dar cabriolas.
— Hay permiso.
¡Ja, ja, ja y ja! ¡Ay, ay, ay y ay! ¡Uy, uy, uy y uy! —se empieza a oír por doquier.
— Jajejijojú, Señor. Pero qué cosa más graciosa, por favor. Pero madre del amor hermooooooso. Pero si es que... si es que... ¡no podemos más, necesitamos decirlo!: también en esto tiene su Majestad un gusto exquisito, ciertamente.



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Un grano en un culo


— Mi relación con el país puede imaginarse como un grano en el culo de una modelo; donde yo, obviamente, soy la preciosa modelo.



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Memorias de un exmandamás


El Mundo por fin respiró tranquilo cuando vio que yo nacía —no me nacieron— un primaveral día del mes de...



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Máxima orwelliana


Sin precariedad (para unos) no hay progreso (para otros).



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Al moridero


— Buenos días. Perdone, ¿sabe usted de dónde sale el autobús que va al Sitio?
— ¡Hola! Pues no estoy seguro, pero este alcalde prometió en campaña que sería gratis y que saldría de una zona discreta y escondida, ya sabe, por eso de la dignidad humana y tal...
— Sí, claro, es una persona bastante sensata, de hecho yo lo voté.
— Yo que usted miraría por el callejón de detrás de los almacenes de la zona norte de la ciudad.
— Ah, pues sí, eso haré. Gracias y disculpe las molestias.
— Perdone el atrevimiento... estaba pensando yo que ya que va usted al Sitio... quizá no necesite más ese reloj que lleva... y, la verdad, a mí no me vendría nada mal.
— Claro, claro. Ya me iba yo con él sin pensar en los demás, qué egoísta... Perdón. Y tenga también esta cadena que me regalaron mis padres.
— Gracias. Y lo siento, ¿eh? Tal vez otra vez...
— Por supuesto. Otra vez será, tengo fe. Ahora, si me disculpa, tengo que partir o perderé el autobús. Todo sea por la patria.
— Bien dicho. Que le vaya bien.
— Igualmente. Hasta nunca.
— Adiós.
— Adiós.



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La paradoja de la confianza


Era tan de fiar, que no era de fiar.



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El favor


— No soy funcionario, porque llevo treinta años trabajando para mi partido político. Así que llamadme emprendedor, por favor. Es lo que siento ser.



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Dos edificios


En uno:
— Hay que cambiar esto como sea.
En el de al lado:
— No podemos permitir de ninguna manera que esto cambie.


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De caminos


En cuanto tuvo certeza de que no se puede satisfacer a quienes viven de estar nunca satisfechos con los demás pero siempre satisfechos consigo mismos, emprendió su propio camino.


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Horteras pero ricos


— Mira, para cuando quieran darse cuenta de lo que supone esta reestructuración / no reestructuración (elegir una de las dos opciones según el caso), tú ya te habrás hecho una funda de oro y diamantes para los huevos... Yo ya he encargado la mía.


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El régimen


Dos medios pasteles engordan menos que un pastel.


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El empleador


— Vaya, ahora que los estaba acostumbrando a no cobrar dejan de venir...


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El gurú


— A ver, he estado observándoos mucho tiempo y tengo la solución para la Humanidad. El sistema es coherente e imperfectible, sois vosotros los que os causáis problemas con vuestros excesos. Me explico: tenéis que consumir y no consumir, reproduciros y no reproduciros, prejubilaros y no prejubilaros, y así con otras cosas. Todo en su justa medida. ¿Comprendéis? Y ahora, si me permitís, me voy a atacar el problema de cómo transmutar el dióxido de carbono en queso de tetilla. Gracias, gracias.


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En aquel pueblo


Como desde hacía siglos, cada insostenible día era finalmente sostenido.


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El dueño del circo


— ¡Yo pago al payaso, el payaso es mío y yo digo cuándo pisa el rastrillo!


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El bocadillo


— Ah, que tienes hambre... Tranquilo, ahora te traigo un bocadillo de progreso y competitividad, con doble de salsa de excelencia y sublimidad.


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Lo que aprendemos de las crisis


Vaya, qué cosas pasan.


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La pregunta de Gurb


— Eso de ahí abajo, ¿es un país o un pavo sin cabeza?


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Novísima ley por la dignidad humana


Queda terminantemente prohibido pasar hambre despeinad@.


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Céntimos y longanizas


— Aaaanda, dale unos céntimos a esa bibliotecaria, a ver si se calla...
— No quedan, mi Presidente, y la culpa es de las longanizas que exigieron ser compradas...
«Guau, guau» —se oía de fondo.


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Los apuntes


— ¡Mamá, papá, no compréis papel higiénico en mucho tiempo!: he aprobado la última asignatura.


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La medicina


— ¿Y dice que todavía no ha mejorado?... Vaya... Bueno, siga tomando lo mismo otros treinta años y después vuelva a ver qué tal.


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Sobre madureces


— Algún día, cuando madures, comprenderás por qué tengo que meter este mi dedo en ese tu ojo...
— ¡Ay!, cabrón.


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Los secuestradores


— Si el sistema consiste en que ellos eligen de entre los candidatos, nosotros elegimos los candidatos.


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Pesadilla monterrosiana


Érase un cuento de Augusto leído por mí; y era yo, después, yéndome a dormir. Érase un dinosaurio que, entre todos, me buscaba; y era un ambiente espeso que me impedía huir. Eran, solo para mí, sus ojos verrugosos y su inmunda boca diciendo: «Yo soy el futuro».


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Regla de los poquitos

  1. Si el pueblo se subleva un poquito, inutilizar su sistema de alcantarillado.
  2. Si se subleva dos poquitos, también sus mercados de abastos.
  3. Si tres poquitos o más, hasta sus pozos y fuentes.


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¡Exprópieseme!


— ¿Y esa casa tan ostentosa?... ¡Exprópiese!
— Señor, es la parte de atrás de su vivienda.


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La mejor oferta


— Bueno, pues entonces incomprendamos el mundo juntos...


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Él


— ¿Y tú?
— Yo soy yo.


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Chiste contemporáneo


Van dos topillos andando por un surco, y le dice uno al otro... (Envía TOPILLO al 555 y recibirás el final.)


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El gestor cartesiano


Gestiono mucho dinero público y no lo destruyo, luego genero muchísima riqueza.


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No supondrás en vano


— ¿Y quién te ha dicho a ti que queremos librarnos de él?


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Principio de parentesco


Dado un buen puesto de trabajo, siempre existe un pariente mío tal que ningún especialista del área es capaz de hacer las cosas mejor que él sistemáticamente.


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Opinión política de un biólogo


— Yo diría que el principal problema de esta población es que su territorio huele demasiado a orín de macho alfa dominante.


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Morir de amor


En la morgue:

— No hay duda, ha sido de tanto nombrarte. Tenía los pulmones totalmente empalabrados.


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Todos los responsables








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Los pedigüeños


— ¡Todas, todas y todas! Pedimos para nuestro pueblo todas las crisis de la historia.


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Igualdad de oportunidades


En la sala de espera del paritorio:

— ¡Enhorabuena!, su mujer acaba de tener un perroflauta. Los dos están bien.


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El purista


— ¿Hacia dónde va una sociedad que usa imperdible donde debería utilizar dificilmenteperdible? ¿O inodoro en lugar de pocodoro? No quiero ni pensarlo, miedo me da...



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De trajes


—¿Dejarías que te operase a corazón abierto un mono?
— Si va vestigo de seda, sí.


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Quejido-lamento de un lector de prensa español


— ¡Ay!, y yo que pensé que exagerabas, Torrente.


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Pensamiento marxista


Iguales en lo demás, y habiendo robado el mismo dinero, hay que estar del lado del gobernante más gracioso.


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Groucho se ofrece como asesor político


— Me ofrezco. Para asesorar que sí, para asesorar que no, para asesorar lo que la parte contratante quiera. Y si no le gustan mis honorarios, tengo otros más altos.


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La buena democracia


Cuando ese día, al salir del coche oficial, le cayó aquella plasta fresca todavía tibia en todo el colodrillo, tomó la firme decisión de que su partido político se apresurase a abandonar todos los proyectos que tenía entre manos, que básicamente consistían en, quizá, tal vez, tener en cuenta la opción de aportar alguna idea, y que además dedicase muchos recursos y el resto de la legislatura a intentar demostrar, sin resultado alguno, como se vería más adelante, que un día de un mes de un año, uno de los abuelitos de uno de los miembros del principal partido de la oposición, en uno de los parques de la ciudad, había dado de comer un pan especialmente indigesto a uno de los abuelitos de la paloma que osó cagarle a él.


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Paternidad responsable


Como otras veces, entrecerró la puerta para no levantar muchas sospechas. Se acomodó en la cama de espaldas a la puerta y, medio cubierto con la colcha, se dispuso a disfrutar un rato. En aquella ocasión, sin embargo, las precauciones no fueron suficiente. Su padre, al entrar repentinamente en la habitación, lo descubrió. Se quedó mirándolo y comenzó a gritar:
— Luis, ¡qué estás haciendo? ¿Ya estás otra vez? ¿Cómo tenemos que decírtelo? ¿Es que hablamos en chino?
Entonces Luis se puso a llorar y su padré intentó suavizar la situación:
— Lo siento, hijo, lo siento. Perdona, es que somos los responsables de tu felicidad, lo más importante en la vida de una persona, y no podemos dejar que arruines la tuya, ¿comprendes? Haz algo útil: vete a la calle a desarmar la bicicleta, a matar bichos, a perseguir a las niñas del barrio, a pegarte con otros niños, a dar patadas a un balón, a robar algo, yo qué sé... pero nunca, nunca, nunca, ¿me oyes?, nunca vuelvas a tocar un libro.


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Método resolutorio


Dejar pasar las décadas.


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Lección magistral y gratuita de Literatura


El genio literario, siempre rampante e imprevisible, te aborda en momento estocástico con un título, digamos Es la primera vez que me pasa, en serio, o, como segundo ejemplo, Ah, ¿pero no eres mi marido? Es que con tan poca luz y ya con mi vista... El título aborda al escritor, decía; y este, sin titubeo alguno, en nanocentésimas de atosegundo, o a veces incluso antes, y como diciéndose a sí mismo «¡Cáscaras!, aquí hay algo...», sabe con certeza que ese título necesita una novela. O una colección de relatos breves, seis o veintisiete, que terminen todos con la frase que nomina al libro. Y es entonces cuando el numen, espoleado por grácil amazona, se deja llevar, trota que te trota...


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El proceso de selección


— Mira, de entre todos estos currículos, deshazte de los de aquellos que no se sientan siervos, pecadores e ignorantes.



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Experimento económico

  1. Meter en un aula cinco alumnos de diez años, diez alumnos de cinco años y una bandeja con siete pasteles.
  2. Decirles que te vas a tomar un café, no porque no quieras mediar entre ellos, sino porque debes ser neutral y no intervenir.
  3. Volver a contemplar atónito cómo se ha verificado tu hipótesis de que una suerte de mano invisible ha llevado al grupo a niveles indescriptibles de justicia, felicidad y progreso.


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El consejo del dictador


— No seáis quisquillosos...


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Diagnóstico y tratamiento


— Hay síntomas evidentes de que su niño tiene apendicitis, pero le vamos a maquillar bien la cara y se lo llevan ustedes a casa.


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El pacto de estado


— Déjalos que hablen y escriban lo que quieran, que tú y yo sabemos lo que hay...


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El rey que amaba la Ciencia


— ¿Cuánto son dos más dos?
— Dos más dos, Majestad... dos más dos... ¡lo que mi señor quiera!
— Así me gusta, orden también ahí.


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Generoso premio


Cuando después de muchos años —décadas— de esfuerzo, con sus penurias y calamidades, se convirtió en un buen escritor y ganó aquel premio, alguien cuyo mérito era básicamente no haber contradicho nunca a sus superiores y que ganaba cada dos o tres meses la cuantía de dinero que acompañaba al premio, en un solemne discurso de pocas palabras y muchos periodistas, loó la originalidad, unicidad y desinterés del premiado, y terminó diciendo:
— Y además esta justa retribución, para que vivas cómodamente pero no te des a los vicios...


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La edad del pañal


La Humanidad parece un bebé en pañales. Los pañales parecen estar sucios. Los bebés, con ser siempre guapísimos y parecerse muchísimo a sus padres, ensucian bastante. Parece que nadie es responsable del neonato. En resumen, la Humanidad parece un bebé «cagao» que tiene dueños pero no tiene padres.


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El capitán del Humanidad


— No sé dónde va este barco, pero no voy a permitir que nadie toque mi timón.


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Visita al oculista


— Hola, venía porque veo el polvo, las migas, las pelusas, los lamparones... ¿Podría dejarme usted como mi marido?


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Soliloquio de un diputado


Me pagan cinco mil euros al mes y el alquiler de la casa, me regalan la conexión a internet y el teléfono más avanzado del momento, me dan de comer un delicioso menú por menos de cuatro euros, se gastan un dineral en limpiar las moquetas por las que piso, adornan los pasillos por los que paso con carísimos cuadros... y luego me piden que tenga «los pies en la tierra». Los insensatos son ellos, obviamente.


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De trabajarés


— ¿Y por qué no me paga usted seis meses y yo le doy un trabajaré?


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Amor político


Si un grupo de oligarcas ama a su pueblo, ¿quién es nadie, incluidos los amados, para decirles cómo deben hacerlo?


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El mal bis


Pese a que el público volvía a abuchear, el director mandaba tocar la misma pero con otro forte más.


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Bucle monterrosiano


Cuando despertó, la miseria todavía estaba allí.


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Otro chiste forgiano


En el lateral de una mesa, hombres y mujeres serios, vestidos de oscuro y rodeados de libros; un letrero indica Tribunal académico de un país acrítico cualquiera. Enfrente de ellos, un personaje forgiano enjuto y barbudo, con chaqueta vieja; un letrero indica Premio Nobel que no ha informado al tribunal de que lo es. Un bocadillo:
— ¡No apto! No pone usted el culo en pompa bien. Desde este humilde tribunal le aconsejamos, por el bien de su carrera profesional, que mejore usted su postura.


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Televisión española


Real Decreto 256/2012, de 25 de junio, por el que se establece la prohibición de la venta de aparatos de televisión de pantalla plana que carezcan del muy necesario soporte superior con capacidad para al menos el toro y la sevillana, en el marco del Plan de la Eurocopa 2012 del Plan integral de Apoyo a la Selección Española.

Television


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El policía


Estaba tan anquilosado que no podía defenderse de quienes lo atracaban.


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Los hombres de Estado del Estado


— Hagamos un trato: yo no te vigilo a ti y tú no me vigilas a mí. Y ahora paga el Estado, ¿quieres caballo o yegua?


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El poeta que sí y no existía


Al día siguiente, cuando abrieron el sobre y leyeron aquellos versos mágicos, unos olvidaron que había existido y otros que había muerto.


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Un viejo churruscadito


— Ya tienes la juventud, ¿o es que encima quieres que te trate bien?


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El precio del pan


Casi cada día, con su niño en brazos, la mujer harapienta se llegaba a la panadería y preguntaba que cuánta dignidad costaba una barra de pan. Y cada uno de estos días el panadero se la regalaba.


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El hijo de la puta¹


En cuanto salía del prostíbulo, dejaba de fiarse hasta de su sombra.

¹ De vez en cuando la literatura te obliga, sin tú querer, a escribir puta. Llamadme rebelde si queréis...


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Sabiduría de urbanita


Si un día te equivocas y pagas un café a una persona, después de pagar tienes menos dinero que antes.


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Chiste forgiano


En la esquina superior izquierda, la fecha: 23 abril 2073. A la izquierda, la máquina: Un autómata —ni hombre ni mujer— en la pantalla plana y el letrero Expencurros Pozoamargo, S.L. debajo. A la derecha, el personaje forgiano: Vestido como de astronauta, la escafandra y el mono repletos de etiquetas publicitarias. Tres bocadillos:
— ¡¡Quién anda ahí??
— Sí, verá, venía por la oferta esa de cuasiefluvio de subacólito de niauxiliar de tatarabecario. ¿Está aún vacante?
— A buenas horas, mangas verdes...


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Chiste (algo macabro) para físicos


En un camino que no tomó nuestra Historia, al abrir la puerta del fortín, Hitler levantó las manos y exclamó:
— ¡No, no!, que era una broma, que era una broma.


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La mano y la piel


Cuando su dueño le escupió una vez más en la cara, pensando en su estrategia y no sacando la mano de matar tontos, como la llamaba un buen amigo suyo, agachó la cabeza y, mirando al suelo, dijo:
— Gracias, señor, gracias. Se me estaba quedando la piel seca...


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La guerra


Hubo dos monólogos, gritos y, pum pum, muertitos.


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El marido


Ella estaba buscando una forma de ayudar a millones de personas y él le decía que ella tenía un pelo en el mentón.


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Contra las crisis


El 2 de septiembre de 2011, a través del lucífero artículo Una comparación entre dos depresiones, Gabriel Jackson me hacía ver con claridad la solución a la Gran Depresión y, por extensión, a cualquier otra crisis. A saber:

Gran Solución

      Elegir un presidente que tenga sentido del humor y perro.


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Hágase un cruasán


Buena parte de la flor y nata de nuestros profesionales de alto rango hacen frecuente uso de ese derecho de cruasán que solo a ellos asiste. Como debe ser, por otra parte, porque solo con mucho orden y autoridad se llevan a cabo las grandes empresas y se construyen las grandes naciones. Escenifico este derecho en la figura de catedrático —no necesariamente de gramática parda— de universidad pública española, que es el tipo de prohombre cuyos feudos más he frecuentado últimamente (a mi pesar, ya que me hubiese gustado más trabajar en equipo con personas parecidas a mí; pero en España gustan más los equipos verticales, donde la responsabilidad desciende cual manzana newtoniana). Digamos que está el prócer en su despacho y, de repente, cuando por el rabillo del ojo ve que algún subalterno entra en su círculo de influencia, frunce el ceño y, señalando con la mirada un lugar de su mesa, chasquea dos dedos al tiempo que exclama:
— ¡Hágase un cruasán!
Y el subalterno, que suele ser un becario, pero que puede también ser una persona de administración y servicios, un docente de menor rango o un bedel que simplemente pasaba por allí; el subalterno, por la cuenta que le tiene, debe perder el culo para, derrapando por los pulidos pasillos, llegar cuanto antes a la cafetería preferida del dechado. (Únicamente en el caso de las personas más ordinarias coincide la cafetería preferida con la más cercana, donde, como todo bocafina sabe, los bollitos no están tan tiernos. Por otro lado, en los procesos de selección de personal se valora tanto la habilidad para derrapar sin derramar, que hay quien gracias a ello será funcionario del Estado durante toda su carrera laboral. Bueno, en realidad estas personas no es que se comporten frívola, cobarde o egoístamente, porque antes de echar a correr piensa unos picosegundos, y concluye que quieren cambiar de coche, que si no lo hacen ellos lo hará otro y que son muy patriota; y es esto último lo que los hace arrancarse: todo sea por la paz nacional.) En nanosegundos va y viene el subalterno. Y trae la ambrosía. Cuando deja el encargo, retumba por los pasillos una especie de oración:
— Oh, cruasán, laxante para mis atoradas ideas...

(Última hora: Se oyen rumores de que este mismo colectivo de profesionales se está organizando para ofrecerse a sacarnos de la crisis, pero no a cambio de nada: quieren, picaronazos ellos, el derecho de nalgas.)



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Fidelidad


Su reloj se atrasaba, pero él se lo perdonaba porque lo hacía con exactitud.


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Buen uso del sopapo


Hoy, al ir a ponerme un pantalón, he descubierto un pedacito de papel en el bolsillo. Y no puedo compartir, faltaría más, su contenido. Me refiero a que no puedo estar de acuerdo, no a que no pueda dárselo a conocer a ustedes. De hecho, lo hago:
Es una pena que los sopapos estén tan prohibidos. Porque al sopapo, como a casi todo, se le pueden encontrar buenos usos. Es humillante para los adultos, por sonoro, y es también relativamente doloroso. Esto debe hacerlo escaso e infrecuente. Sin embargo, es posible que no sea del todo insano para una sociedad avanzada el que cierto tipo de ciudadanos tengan miedo a recibir unos sopapos en un callejón oscuro —nunca de día y a la luz — mientras las autoridades miran hacia otro lado, cosa que nadie tiene que enseñarlas a hacer. Claramente, hay personas que ven un fallo en el sistema y en vez de denunciarlo para corregirlo, deciden explotarlo en su beneficio y aprovecharse lo máximo posible de la sociedad en la que viven. Se ven a cubierto o impunes. Y hay otras personas que consciente y voluntariamente eligen comportarse con maldad y crueldad. Incluso, imagínense, puede haber quien te dispara con la intención de matarte, de acabar con tu vida, de quitarte de en medio, de intentar que no vuelvas a ver a tu familia nunca más, y, sin embargo, tú tienes que atraparlo de forma civilizada y magnánima (progremente, muy progremente: sin disparar y sin levantar la voz); y si lo atrapas, no puedes darle ni un triste sopapo, porque alguien que sí está en su casa y con su familia, desde su sofá escribirá para algún periódico que eres un salvaje y un bárbaro, y que no te mereces el trabajo privilegiado que tienes (no debe de haber cosas más importantes por las que indignarse). Pero parece que quienes «piden a gritos» sopapos, deberían saber recibirlos con estoicismo y no haciéndose caquita. En general, al dolor físico se le teme más que a los juicios o a la cárcel, sobre todo en países con mala justicia. Un tratamiento adecuado a tiempo puede modificar conductas y hacer un ciudadano de un animal. Ciertos sopapos bien administrados, con o sin extración de piezas dentales, no solo no deberían ser penalizados sino que deberían ser premiados.
La verdad es que no sé cómo habrá llegado este desvergonzado papel a mi bolsillo. Supongo que fue el otro día, en aquella manifestación. Dejé a mis compañeros dando la cara frente al tirano de nuestro jefe, y yo y muchos otros que preferimos las multitudinarias manifestaciones, pancarta en mano salimos a pedir a los malos del Mundo que no sean tan malos, y a exigir duras investigaciones y represalias para los hombres que, matados sus padres por inútiles y sus madres por viejas, y violadas sus hermanas por guapas, no saquen una gran humanidad de sí y perdonen a los malos; estábamos pidiendo esto y flores de temporada para los jardines públicos, digo, cuando alguien debió de poner allí el papel. Supongo. Acto este que sin duda habría pasado totalmente inadvertido para mí. Y «cáscaras» he exclamado yo esta mañana, cuando he metido la mano en el bolsillo y he descubierto al apologético inquilino.


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El jugador


— De acuerdo, ganas tú. Pero antes juguemos un rato... — le dijo a la muerte.


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Sobre la belleza de los europeos del sur


Somos demasiado guapos. Y no nos cansamos de decirlo. Pero quedará más claro cuando el Mundo entre en razón. Sí. Vamos a seguir elegiendo a los políticos, jueces y profesores como siempre. Vamos a seguir pagando lo mismo a todos los trabajadores, sean como sean; y vamos a seguir ascendiendo a muchos de ellos como hasta ahora: para pagar favores, para premiar corrupciones, para afianzar poder o para beneficiar a amigos. Y vamos a seguir tolerando o justificando a nuestros vecinos más corruptos, y repartiendo por aquí y por allá palmaditas en la espalda. Haya paz. Siempre tendremos la excusa de nuestras dictaduras recientes y nuestras democracias jóvenes. Porque el Planeta no ha dejado de girar ni un solo día, y sólo aquellos movidos por una irrefrenable envidia —y algún premio Nobel de Economía— podría intentar hacernos reflexionar sobre este tipo de cosas o insinuar que tengan alguna relación con la marcha de nuestras sociedades. Además, es que somos demasiado guapos como para que el resto de Europa nos niegue su ayuda...

P.D. Puede que los europeos del este también rivalicen con nosotros en belleza.


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El felpudo


Había ya tantas pelusas debajo, que era difícil no tropezarse con él.


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Huida machadiana


La crisis ha venido,
nadie quiere saber cómo ha sido.


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La violenta


— Yo te trato con caricias y tú me respondes así. No seas violenta, no seas violenta... —decía el violador.


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Consejo español


«Cállate y déjalo estar...»


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La tolva


Los que no puedan pagar el aire que respiran serán depositados en ella cariñosamente, para que al pie una máquina térmica los convierta en utilísima energía eléctrica. Si bien todos son bienvenidos, pero los gorditos son *mejorvenidos (por más caloríficos).


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Epitafio para cobardes


«Aquí yazco yo, uno que no dijo ni hizo nada».


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Ensayo sobre el placer de llamar carabobo¹ a un bobo

Capítulo I

Es justo y necesario.

Capítulo II

Merece la pena.

¹ carabobo, ba (De cara y bobo) 1. Adj. Persona con cara de bobo. U.t.c.s. [Esta definición es mía]


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Algunos académicos oficiales


«De vez en cuando hay que recordar al pueblo algunas definiciones», se decían unos a otros mientras se lavaban las manos y las metían en agua con hielo.


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El club de los que nunca dicen caca


Se basa, construye y apoya en la palabra proscrita. Se suele nacer fuera de él, aunque no siempre. Entrar y permanecer es difícil, porque solo los muy poderosos pueden vivir sin decir nunca caca. Se infiltra, instala y controla empresas y organizaciones, donde se protege básicamente utilizando el método Eso no se dice.


Método Eso no se dice

      Si alguno de sus miembros cree justificado —o se le antoja— expulsar de —o no dejar entrar en— su entorno de poder a Manolo, acude al distinguido Club y hace correr el rumor de que Manolo pudiera haber pronunciado, quizá, tal vez, posiblemente, la palabra caca. Entonces, sin sesión ordinaria o extraordinaria alguna, el resto de socios comienzan tácitamente una estrategia de acoso y derribo. Todo vale. Todo. Bueno, todo menos decir caca. La persecución puede durar días, semanas, meses o años, depende del caso. Al cabo de un tiempo, es probable que a Manolo algo empiece a olerle mal, y la presión hará que tarde o temprano diga caca. Da igual en qué contexto y por qué motivos, rápidamente el Club convoca una sesión extraordinaria inmediata y breve. En ella se denuncia públicamente que Manolo ha dicho caca y, en sincronizada histriónica coreografía, se llevan todos las manos a la cabeza, murmuran con otros socios cercanos durante un ratito, convienen todos a la vez que eso es algo intolerable, indigno, imperdonable, escatologiquísimo, que no se debe hacer, y corean al unísono ¡Eso no se dice! Finalmente, se acuerda expulsar —o no dejar entrar— a Manolo, devolviendo así la inmaculada estabilidad al entorno del denunciante, siempre socio ejemplar del Club de los que nunca dicen caca.



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Ingenuidades


— ¿Y por qué tengo que lamerle a usted ahí?
— Bueno, básicamente porque todo emana de la ley de la oferta y la demanda —respondió sonriendo.
— Ya. ¿Y por qué no aplicamos la ley de que yo soy joven y fuerte y usted no?


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El peatón


Había ayudado a cruzar la calle a muchos niños y ancianos, pero el azar quiso que aquel día un borracho lo atropellase a él.


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Pedro y su navaja


Parecía mentira lo que chillaba aquel cerdo para lo tieso que andaba unos segundos antes, poco después de abofetearla, poco antes de que Pedro le rasgase la barriga con un «Aquí chulos de putas no». Era justo, pensaba Pedro, mientras limpiaba la navaja, poco después de que ella se ofreciese a hacerlo, poco antes de responder «No es sangre que deba limpiar una princesa». Luego llegó la Autoridad, algo antes de que ella soltase algunas patadas, al poco de esconder la navaja entre sus pechos. Y, como era de esperar, detuvieron a Pedro recitando «A las bofetadas, cualesquiera, hay que responderlas con leyes», después de que ella le regalase el mejor de sus besos. En casos como aquel era orden no hacer la vista gorda, para que el buen ejemplo de Pedro y su navaja no llegase lejos, pensaban todos, unos y otros, poco antes de que la puerta del coche quedase mal cerrada, poco después de que los agentes se mirasen y se guiñasen un ojo.


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La dieta


Como era un país esencialmente bananero, el menú diario incluía muchas —pero muchas— bananas.


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Entrenamiento para directivos


Repetir: No son personas, son animales con forma de persona. No son personas, son animales con forma de persona. No son personas, son animales con forma de persona. No son personas, son animales con forma de persona. No son personas, son animales con forma de persona. No son personas, son animales con forma de persona. No son personas, son animales con forma de persona. No son...


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De perros y flautas


Reunidos los hombres de negro, llegaron unánimemente a la conclusión de que pasear al perro y tocar la flauta no eran actividades suficientemente productivas para la Humanidad.


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El domador


Racionaba la comida para controlarlos... hasta que se lo comieron a él de pura hambre.


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Un personaje en busca de aplausos


De vez en cuando, en alguno de los teatros de la moderna ciudad, al final de una buena obra, un caballero chulesco de atavíos anacrónicos se une espúriamente a los actores, todavía aturdido por los aplausos que recibiera siglos ha.


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Método perezrevertiano


Si las bestias están también en el redil, pertrecharse de abundante posta lobera y empezar la batida por allí.


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La violada


Sus compañeros no contaban mucho con ella porque, decían, no sonreía bien.


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El catedrático


Los que no me siguen y obedecen no aman este saber — pensó, desde su enfermedad espiritual y mental.


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Abuelito el Batallador


— Y entonces, como le escupimos muy bien, no de cualquier manera, tuvo que irse. [Acariciando la cabeza de sus nietos, acomodados plácidamente en su regazo] Vosotros tendréis un futuro mejor. [Impostadamente, leves movimientos de cabeza y mirada perdida en el fondo de la habitación] Ya no nacen hombres como los de antes... [Pausa innecesaria] Aquella madera se acabó con nosotros.


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Allí


Cuán grande fue mi alegría cuando, al observar sus gestos, supe que ellos nunca habían estado allí.


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El Gran Concierto


Durante miles de años, todos estuvieron bailando la música de Poderosos de sanísimo ego.


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Hermano cainita


Fríamente, dejó caer el juguete al suelo.


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Posiciones


A medida que se acercaban a la línea, su definición de ético cambiaba con ellos.


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Vida amorosa de un espejo


Todas, para enamorarse de sí mismas, quieren conquistar su corazón... y nada más.


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El libro de Historia


Tanto se peleaban los niños por las páginas, que iban a terminar rompiendo el libro.


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Lágrimas


— Estás llorando... ¿Por qué?
— Porque me tratas bien...


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No somos Pepe


Un día cualquiera, al son de trompetas, Gracioso llegaba bajo palio, valiente entre sus hombres, oliendo a vino y puta mal pagada¹. En algún momento, entre carcajadas, pedía la lista y sacaba un nombre al azar. Digamos José R.. «Por traidor», decía siempre, para añadirle gracia a su capricho, mirando a diestro y —sobre todo— siniestro. Entonces, después de un breve silencio, nosotros gritábamos como nunca antes habíamos hecho. De emoción, de exaltación, de gratitud, de admiración. Y lo creíamos más, y lo seguíamos más, y lo queríamos más, y lo amábamos más. Y entre carcajadas nos peleábamos por ser los verdugos, ebrios también nosotros de fe y placer. Porque, como solo un necio podría dejar de ver, Gracioso había faltado únicamente a José.

¹ Los literatos consagrados tenemos licencia para usar palabrotas. Llamadme rebelde si queréis...


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Palabra de capitalismo duro


— No hay ninguna generación perdida. Hay una serie de personas que justo sobreviven para trabajar y consumir, que es lo que tienen que hacer.


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Sobre dueños


Cada vez que el país era más suyo, intentaban echar a la otra mitad.


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La dimensión


Únicamente pasaron el examen final quienes habían medido la vida en abrazos.


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Por qué


Aquel amanecer, los jóvenes se dieron cuenta de que estaban cansados de tener siempre mucho futuro y nunca un poco de presente.


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La ardilla


Si no se la da de comer, la sensibilidad roe el corazón de su dueño.


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La subvención


Rápidamente, regalaron lápices de maquillaje para que los jóvenes se pintasen la bandera patria en toda la jeta...


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La piara y las flores


Una vez más, los puercos pisotearon todas las flores para llegar cuanto antes al lodazal.


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El cínico


— Sí, la estaban maltratando, es cierto; pero no me pidió ayuda educada y adecuadamente...


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Dos siglos después


¡Vivan las cavernas!


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Salarios de los investigadores veteranos¹

  1. Los investigadores que obtengan, de forma individual o colaborando con otros colegas, buenos resultados cobrarán tres mil euros al mes.
  2. Los investigadores que obtengan, colaborando con sus subordinados, resultados cobrarán tres mil euros al mes.
  3. Los investigadores que «jugueteen» o «hagan juguetear» un poco con alguna probeta o ecuación, salga algo o no, cobrarán tres mil euros al mes.
  4. Los investigadores a los que no se les antoje «juguetear» ni «hacer juguetear» con probeta o ecuación alguna, y dejen dicho en el edificio A que están en el B y en el edificio B que están en el A, cobrarán tres mil euros al mes.
¹ Conseguidos y mantenidos por los principales sindicatos.


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La Gran Ley Astronómica (GLA)


El centro del Universo está en cada uno de nosotros.


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Presentes berlusconianos¹


Yo berlusconeo
Tú berlusconeas
Él berlusconea
Nosotros berlusconeamos
Vosotros berlusconeáis
Ellos berlusconean

Yo (me) berlusconizo
Tú (te) berlusconizas
Él (se) berlusconiza
Nosotros (nos) berlusconizamos
Vosotros (os) berlusconizáis
Ellos (se) berlusconizan

¹ Doy las gracias a la sección de consultas en línea del Departamento de «Español al día» de la Real Academia Española, patrocinada por Telefónica, por responderme con rapidez, dándome explicaciones claras y ofreciéndome varias opciones para estos verbos.


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Biografía (I)


Cometió el error de suponer que vivía en un país más sensato.


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La empingorotada


La mona, en cuanto puede, se viste de seda.


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Abrazo anónimo


En momentos de confusión, alguien olvidó cerrar la jaula.


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El burócrata


Estáis cada uno a un lado de la mesa. Sonriendo y mirándote a los ojos te sugiere que bailes, en aquel momento, allí, para él, mientras busca la tinta y luego apoya aquel sello en aquel papel. Le dices que no ves la relación entre el baile y el trabajo de cada uno. Saca del cajón un tintero seco y lo mueve justo delante de tu cara. Sonriendo y mirándote a los ojos, te ofrece toda su ayuda y apoyo futuros. Te invita muy educadamente a volver otro día, preferiblemente uno en que te levantes más bailón. Siempre sonriendo y mirándote a los ojos...


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La victoria


Con el hálito último que empañó su espada,
aparecieron todos para repartir el botín.


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Psicología


Incomodado en el corral, suele terminar subiendo al camión.


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El fanático


— Si para ser competitivos los hijos de esos tienen que dejar de pasar hambre, no queremos competir —le contestó a su asesor.


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Sugestión


El mundo entero, todo el mundo, todos, lo reconozcan o no, nos envidian.


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Los huérfanos y la ley


La ley es muy justa: son totalmente iguales todos los que tengan los papeles firmados por, y solo por, sus padres.


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El payaso


Se secó las lágrimas, se puso la careta y salió a hacer reír.


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Guillotina contemporánea


A diferencia de la francesa, es pequeña y sutil. Ha sido creada por los nobles, y corta los dedos que señalan a la Luna.


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Negocio no sostenible


Talaron los más fuertes. Y cuando vino, el viento derribó los demás.


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Corderito


Nadie cortó la cuerda, pero aun cuando esta se había podrido él no se alejaba de donde lo dejaran estacado y bien estacado.


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El político


Lo votaron, y cambió mucho nada e hizo todo nunca¹.

¹ Meses después de escribir este divertimento, encontré, a propósito de la lógica y las afirmaciones y negaciones en español, el artículo «El sí y el no» en el libro Sobre el lenguaje de hoy, de Ramón Carnicer, publicado por Editorial Prensa Española en 1969.


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Programa del Partido para la Felicidad (PpF)

Imagina:
  1. Ancianos dormitando plácidamente en sus sofás de orejas.
  2. Atractivas parejas disfrutando de su amor y bienes sempiternos.
  3. Impolutos niños corriendo por campos de flores.
  4. Camisas planchándose solas.
  5. Ropitas oliendo a suavizante eternamente.
¡Hala!, ya. Baja y vótanos.


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La receta


¿Quieres anquilosar una empresa? Llénala de burócratas con mucho poder, poca responsabilidad, escasa vigilancia y gran impunidad. No regules nada, deja que los agentes —fuertes y débiles, veteranos y noveles— se entiendan entre ellos. Intervén solo en casos extremos, pero solo para pedir paciencia y resignación. Cúbrelo todo con una tupida capa de retórica y palabrería. Déjalo reposar unas pocas décadas o un suspiro de siglo. ¡Y disfruta del pastelazo!


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El arribista


Su corporativismo es casi infinito, no en vano vigila y actúa. Si hubiese tenido moral, si hubiese puesto algo de sentimiento o si le hubiese temblado el pulso, sin duda no habría llegado donde estaba. Ahora es respetado (que no respetable). Pero lo más importante fue el que sus superiores, ávidos de más poder, siempre habían marcado la casilla «Se corrompe adecuadamente».


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La sociedad medieval


El perro y el niño


El perro mordió al niño. Y nadie se lo quitaba, porque el perro era del General y el niño no.


Los nobles


Había una vez —en realidad siempre— algunos nobles que loaban al gremio de carpinteros al tiempo que castigaban a los que se negaban a amueblar gratis sus palacios. Gracias a los diezmos podían dedicarse a cazar y poco más. Así eran felices y comían perdices.


La orden


Los protegía de bandidos, brujas y demonios encarnados en niños. Movido por su amor a los aldeanos, emitió una orden que permitía ejercer la justicia a quienes tuviesen el permiso firmado y sellado. Solo había un sello y lo tenía él.


Consciencia de madre


Lloraba, luego existía.


El medio caballero


Había matado dragones, pero no sabía abrazar.


Alocución y pesadilla


Salió al balcón para exhortarlos: «¡Coged el camino recto!». Seguidamente, mientras se retiraba a descansar, musitó para sí: «Y dejad el recto camino para mí...». Como tenía un día productivo, aprovechó para decidir que el esclavo sería suyo o de nadie. También aquella noche se durmió paladeando su poder.


Soñando


Todas las noches metía la mano en su bolsillo, sacaba el trozo de papel y leía: «Mañana abrazaré».


La sociedad medieval


El perro mordía y el niño sangraba. Los nobles reían, los hombres huían y la madre lloraba. El monstruo fungía y el caballero soñaba.


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Un plan B


Como en la vida conviene tener siempre un plan alternativo, por si es de ayuda incluyo aquí (con humor) el que yo he tenido que aplicar bastantes veces en los últimos años, con muy buenos resultados: gracias a él he hecho —becado—algunos estudios de Pedagogía, Físicas y dos años de doctorado, me ha permitido además hacer —totalmente pagadas— dos estancia mensuales para estudiar inglés, y, por si esto fuese poco, me ha permitido ir comprando muchos libros específicos y caros. El plan, que consiste en aplicar el método Porque yo soy majete (casi como los productos de cosmética), se esboza a continuación.


Método Porque yo soy majete

Primero me disfrazo —no lo soy— de catedrático: me pongo unos vaqueros gastados de mentira, una camisa de cuadros y una chaqueta de pana con coderas de pega, y cojo bajo el brazo algunos textos clásicos, que en mi área podrían ser los Elementos de Euclides o los Principia Mathematica de Russell y Whitehead. (Así ataviado creo que intimido a cualquiera que se cruce conmigo por los pasillos de mi casa.) Voy a un lado de mi escritorio y redacto: «Yo, haciendo uso de la filantropía y munificencia sin par que me caracterizan, convoco por el bien de la Humanidad esta ayuda para el estudio del idioma inglés... (y bla bla bla)». Después me visto —casi lo soy— de becario: la camisa vale, pero me quito la chaqueta y me pongo unos vaqueros gastados de verdad. Bajo a un bar del barrio a tomar un café (¡ya cuesta 1,25 euros!), cojo tres servilletas de papel y les pido —con porfavor— al camarero y a dos clientes que haya por allí que escriban «Recomiendo mucho al chaval. Es majete» en ellas y que estampen el culo de un botellín fresquito. Con toda esta documentación subo a casa y, desde el otro lado de mi escritorio, presento la solicitud. Muy mal se me tiene que dar el proceso de selección para que no sea yo el afortunado ganador.


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David Casado de Lucas

Última actualización: Enero de 2018.

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